En su cruzada por exterminar la maldad en el mundo y sembrar la democracia, Estados Unidos apunta ahora sus cañones a Irán. El buque insignia de las fuerzas desplegadas en la zona es nada más y nada menos que el USS Gerald R. Ford. El barquito es un prodigio de la ingeniería naval, con lo último de lo último en el noble arte de matar. Está propulsado por dos motores atómicos que tienen cuerda para veinticinco años o más. Es el buque de guerra más grande del mundo, 337 metros de largo. Transporta noventa aviones para despachar bombas allá donde lo soliciten. Tiene todo tipo de radares, capaces de localizar un pistacho debajo de un sofá. Cinco mil hombres hacen falta para gobernar el coloso de los mares. Semejante máquina de guerra estuvo hace poco frente a las costas de Venezuela. Después de ayudar en el secuestro de Maduro, del tirón lo mandaron a oriente medio a poner orden en la región. Así, lleva semanas bombardeando el Irán de los ayatolás con los resultados por todos conocidos. No hay día que Trump no diga que han ganado la guerra y aplastado a los enemigos. Solo por llevar la contraria, los iranís siguen disparando misiles en las cuatro direcciones y cerrando el estrecho de Ormuz.
Para sorpresa de todos, el invencible USS Gerald R. Ford ha tenido que retirarse de primera línea. No ha sido por fuego amigo o enemigo. Ha sido por fuego interno. Se declaró un incendio en la lavandería que duró diez horas, dejando el barco más tocado que un torpedo en la línea de flotación. Pero éste no es más que uno de los muchos problemas que acarrea el portaviones. De hecho, falla más que una escopeta de feria debido a sus muchos errores de diseño. La tripulación no necesita visitas del enemigo para vivir un infierno diario. Uno de los sistemas básicos en un barco de guerra y en cualquier casa de vecino como es el del saneamiento se atasca todos los días. El USS Gerald R. Ford ha tenido que retirarse porque están con la mierda hasta el cuello, literalmente. Cinco mil personas encerradas en un inmenso pozo de mierda, respirando el intenso y penetrante olor del excremento fresco.
Algunos lo llamarían justicia poética, otros llamarían a Desatranques Jaen a que les hagan un presupuesto sin compromiso, muchos se acordarán de los muertos más frescos del que diseñó el alcantarillado del prodigio de los mares. El caso es que con el pestazo que tienen que soportar, la moral de la tropa está por los suelos. Cagados y sin calzoncillos limpios, podían retirarse a limpiarse los bajos o bombardear otro colegio de niñas para subir la moral. Por una vez han tomado la decisión correcta.


