lunes, 9 de febrero de 2026

Armado y peligroso


 

Ya sabemos que follar solo a lo misionero aburre. En el intento de echarle al sexo perejil podríamos llenar una enciclopedia de muchos volúmenes. Cada cual tiene su fantasía, y muchos una amplia panoplia. Desde los que les pone hacerlo en ascensores, probadores o churrerías, hasta los que les va vestirse de lagarterana u hombre rana, hay gente para todo. Y quedan los que no entran en ninguna categoría, al menos inventada todavía, como el caso que hoy nos ocupa.

A finales de enero un joven se presentó en un hospital de Toulouse quejándose de un fuerte dolor de espalda. Tras la exploración pertinente, el equipo médico descubrió que las molestias provenían de un obús de 17 centímetros que el tipo tenía alojado en el recto. El proyectil era una auténtica pieza de museo, un obús alemán de la primera guerra mundial. Cómo acabó la bala en el culo de este inquieto joven es un dato que todavía se desconoce. El caso es que la operación de extracción, además del equipo de anestesia, de cirugía y enfermería, contó con la intervención especial del cuerpo de bomberos y de los artificieros de la policía, por si al obús le daba por explotar en el momento más inoportuno. Afortunadamente, el joven salvó el culo, pero le caerá un buen paquete por andar jugando con munición de guerra.

No se sabe qué animó al fogoso francés a meterse un obús como si fuera un supositorio. Por especular, parece que le ponen cachondo las hazañas bélicas. Quizás quería revivir en carne propia la guerra de las trincheras, quizás quería sentir la carnicería de Verdún. Puede ser un extraño caso de amour fou. Le recomendamos que en próximos experimentos utilice objetos con menos tendencia a explotar, tal que plátanos o pepinos. Y que no excluya la posibilidad de buscar algo de calor humano.

 

 

lunes, 26 de enero de 2026

Vacaciones


 

—Busco un destino para estas vacaciones, algo exclusivo y original.

—Un resort en Bali, todo incluido con la piscina rebosando de champán, caviar por arrobas, repostería afrodisíaca, spa relax a cargo de profesionales de reputada solvencia, y los coros y danzas del ejército ruso disponibles 24 horas. 

—Una o dos veces está bien, más cansa, sobre todo la balalaika.

—Tenemos una oferta para bucear en la gran barrera de coral.

—Eso ya está masificado, me crucé por allí con el vecino del cuarto.

—Una semana en un frenopático donde los locos han declarado la dictadura de los majaras. Puede acceder a sesiones de electroshock y menús regados con haloperidol.

—Mi mujer estuvo una temporada ingresada en uno de esos centros, dice que hay poca democracia interna. 

—¿Hacer salto base en los fiordos noruegos disfrazado de caperucita?

—Eso es más viejuno que la colección de vitolas de puros de mi suegro.

—Una semana de desconexión total en una aldea del maestrazgo, sin electricidad ni agua corriente, aprendiendo a vivir en la naturaleza, plantando ajos y haciendo compost.

—Yo con regar los dos geranios que tengo en el balcón me doy por conectado con la naturaleza. 

—Me lo pone difícil. En fin, hoy nos acaba de llegar una propuesta, lo último en vacaciones extremas.

—Cuente, cuente.

—Cruzar el mediterráneo en una patera llena de inmigrantes. Viva la aventura mientras se solidariza con el tercer mundo.

—Parece interesante.

—Además está la opción de cruzar el Sáhara a pinrel antes de embarcar. Será la envidia de sus amistades.

—Desde luego, luciría moreno y me quitaría algún kilo de más.

—Y si se le hace pesado, le extraemos en helicóptero en cualquier momento.

—Decidido, me apunto.

—Bienvenido a la aventura.

lunes, 12 de enero de 2026

Sin munición


 

─ ¿Está el enemigo? Que se ponga. Mira, que andamos cortos de balas, así que hemos pensado que nuestros soldados hagan bang-bang, como que disparan, y vosotros os vais muriendo, ¿de acuerdo?

Esta variante del famoso monólogo de Gila bien se puede aplicar a la noticia que hoy tenemos entre manos y que atañe no al glorioso ejército español, si no al más glorioso todavía ejercito holandés.  Estaba la soldadesca en plena refriega en un ejercicio de tiro cuando ocurrió lo impensable, no quedaban balas para alimentar sus rifles. Los oficiales al mando, entrenados para solventar cualquier contingencia bélica hasta en las más extremas condiciones tácticas, echaron mano de una artimaña que para sí hubieran querido Anibal o el Gran Capitán, dada su audacia. Ordenaron a la tropa que gritaran ¡bang! ¡bang! mientras hacían como que disparaban y seguían con el ejercicio. Con semejante pantomima la moral de la tropa está por los suelos. No sabemos si los soldados necesitarán apoyo psicológico o alguna terapia de choque para asumir el trauma. La excusa que dio el ejercito es que habían gastado muchas balas en el extranjero y no les quedaban para el consumo local. La empresa suministradora explicó que tienen muchos frentes abiertos, se dispara en todas partes y no dan abasto. El alto mando holandés es consciente del problema y no parará hasta que sus hombres estén armados hasta los dientes, o al menos hasta es sobaco.

Esta no sería más que una anécdota de sargento chusquero si no fuera porque la OTAN y sus mariachis acaba de aumentar en chorrocientos mil millones su presupuesto. Porque un ejército sin munición es como una iglesia sin crucificado o un PP sin corruptos. La subida no ha sido suficiente, hay que dedicar la mitad del PIB a que nuestros chicos estén debidamente pertrechados. Necesitamos más balas, más bombas, zambombas, bazucas, granadas de vacío, tanques pardos, submarinos amarillos, cazas de espacio profundo, bombarderos de alfombra, drones roscachapas, y sobre todo cabras, muchas cabras para la legión. La civilización occidental está en juego.