lunes, 23 de febrero de 2026

Si éste sale me retiro


 

La cultura popular nos tiene acostumbrados a que la gente que se dedica al narcotráfico sean jóvenes echados p´alante, dinámicos emprendedores con su toque rufianesco. La realidad nos dice que tan suculento negocio atrae a gente de lo más variado, alejados de los modelos preestablecidos. Hace poco en el puerto de Palma han trincado a un tipo que intentaba pasar en su coche cuarenta y cuatro kilos de coca. Lo llamativo del suceso es la edad del supuesto traficante, que cuenta ya con setenta y cuatro primaveras, en el otoño de su vida.

No sabemos qué decidió al joven a dedicarse al comercio mayorista de estupefacientes. Sospechamos que no disponía de una pensión holgada. En este momento las huestes neoliberales insisten en la falta de sostenibilidad del sistema de pensiones. Consideran que si les diéramos nuestros ahorros a entidades privadas se harían mucho más sostenibles, sobre todo para sus intereses. También hay mucho influencier empadronado en Andorra y con títulos en economía salidos de huevos Kinder que claman por tierra mar y aire contra los viejos insolidarios que cobran sus pensiones como si no hubiera un mañana. Todo este bombardeo mediático quizás animó al septuagenario a dar un buen golpe y prescindir del perverso sistema de pensiones que asfixia nuestra sociedad.

Podía haber elegido procedimientos menos arriesgados, como los minojobs de los abuelos alemanes. Ya saben, se buscan un curro de media jornada despiojando caniches o remendando condones para redondear la pensión de hambre que reciben. Nuestro hombre era amigo del riesgo, si le llega a salir bien hubiera solucionado el futuro que le queda. Aunque a partir de ahora vivirá a pensión completa a cargo del estado, que tampoco es mal apaño. Solo esperamos que no tenga que cumplir condena en una residencia de ancianos de la comunidad de Madrid, porque poco duraría.

 

 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

Armado y peligroso


 

Ya sabemos que follar solo a lo misionero aburre. En el intento de echarle al sexo perejil podríamos llenar una enciclopedia de muchos volúmenes. Cada cual tiene su fantasía, y muchos una amplia panoplia. Desde los que les pone hacerlo en ascensores, probadores o churrerías, hasta los que les va vestirse de lagarterana u hombre rana, hay gente para todo. Y quedan los que no entran en ninguna categoría, al menos inventada todavía, como el caso que hoy nos ocupa.

A finales de enero un joven se presentó en un hospital de Toulouse quejándose de un fuerte dolor de espalda. Tras la exploración pertinente, el equipo médico descubrió que las molestias provenían de un obús de 17 centímetros que el tipo tenía alojado en el recto. El proyectil era una auténtica pieza de museo, un obús alemán de la primera guerra mundial. Cómo acabó la bala en el culo de este inquieto joven es un dato que todavía se desconoce. El caso es que la operación de extracción, además del equipo de anestesia, de cirugía y enfermería, contó con la intervención especial del cuerpo de bomberos y de los artificieros de la policía, por si al obús le daba por explotar en el momento más inoportuno. Afortunadamente, el joven salvó el culo, pero le caerá un buen paquete por andar jugando con munición de guerra.

No se sabe qué animó al fogoso francés a meterse un obús como si fuera un supositorio. Por especular, parece que le ponen cachondo las hazañas bélicas. Quizás quería revivir en carne propia la guerra de las trincheras, quizás quería sentir la carnicería de Verdún. Puede ser un extraño caso de amour fou. Le recomendamos que en próximos experimentos utilice objetos con menos tendencia a explotar, tal que plátanos o pepinos. Y que no excluya la posibilidad de buscar algo de calor humano.

 

 

lunes, 26 de enero de 2026

Vacaciones


 

—Busco un destino para estas vacaciones, algo exclusivo y original.

—Un resort en Bali, todo incluido con la piscina rebosando de champán, caviar por arrobas, repostería afrodisíaca, spa relax a cargo de profesionales de reputada solvencia, y los coros y danzas del ejército ruso disponibles 24 horas. 

—Una o dos veces está bien, más cansa, sobre todo la balalaika.

—Tenemos una oferta para bucear en la gran barrera de coral.

—Eso ya está masificado, me crucé por allí con el vecino del cuarto.

—Una semana en un frenopático donde los locos han declarado la dictadura de los majaras. Puede acceder a sesiones de electroshock y menús regados con haloperidol.

—Mi mujer estuvo una temporada ingresada en uno de esos centros, dice que hay poca democracia interna. 

—¿Hacer salto base en los fiordos noruegos disfrazado de caperucita?

—Eso es más viejuno que la colección de vitolas de puros de mi suegro.

—Una semana de desconexión total en una aldea del maestrazgo, sin electricidad ni agua corriente, aprendiendo a vivir en la naturaleza, plantando ajos y haciendo compost.

—Yo con regar los dos geranios que tengo en el balcón me doy por conectado con la naturaleza. 

—Me lo pone difícil. En fin, hoy nos acaba de llegar una propuesta, lo último en vacaciones extremas.

—Cuente, cuente.

—Cruzar el mediterráneo en una patera llena de inmigrantes. Viva la aventura mientras se solidariza con el tercer mundo.

—Parece interesante.

—Además está la opción de cruzar el Sáhara a pinrel antes de embarcar. Será la envidia de sus amistades.

—Desde luego, luciría moreno y me quitaría algún kilo de más.

—Y si se le hace pesado, le extraemos en helicóptero en cualquier momento.

—Decidido, me apunto.

—Bienvenido a la aventura.